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carretes La fotografía a bajas temperaturas requiere de un esfuerzo adicional tanto por parte del fotógrafo (tendrás que estar preparado para el frío) como por parte del equipo fotográfico, que habrá que mimar al máximo para que no sufra desperfectos durante su uso.

Es necesario tener mucho cuidado, especialmente si el frío es intenso. El obturador tenderá a hacerse perezoso y poco fiable, incluso podría romperse, y todos los mandos se endurecerán. Habrá que poner especial hincapié en el tema de las pilas, que se agotan a una velocidad pasmosa y sólo ofrecerán una pequeña porción de potencia en situaciones de frío, por lo que deberás tener buenos repuestos a buen recaudo (abrigaditas) al igual que la máquina cuando no la vayas a disparar, y tener en cuenta que los sistemas automáticos podrían ofrecer lecturas erróneas (debido a la poca fuerza de las baterías) y las unidades de flash tendrán un bajo rendimiento. La película se volverá quebradiza y podría desgarrarse incluso dentro de la cámara, así que procura que el carrete avance con un movimiento regular y lento de un fotograma a otro, así que sería bueno evitar hacer uso de motores de arrastre.

En estas situaciones, una máquina totalmente manual puede convertirse en una aliada magnífica frente a las versiones hiper-automatizadas (de qué te servirán tantos automatismos si no funciona la cámara por el agotamiento de las pilas o por estropearse los circuitos). Además, ten en cuenta que las condiciones de movilidad en zonas de frío intenso y/o nieve suelen acarrear un mayor cansancio personal, así que escoge una cámara lo más ligera y compacta posible (aquí, nuevamente ganan las cámaras manuales). Esta consideración del peso, tendrás que tenerla igualmente presente a la hora de seleccionar los accesorios a transportar (objetivos, trípode o mejor un monopié que se hundirá menos en la nieve, ..), así que procura llevar encima lo que realmente vayas a utilizar.

Las películas de color pueden perder parte de la sensibilidad y sufrir un cambio en el equilibrio de colores. Como es difícil prever el efecto del frío y la nieve sobre las emulsiones, lo mejor será ser generosos en el gasto de película, realizando varias tomas con distintas aberturas de diafragma.

El mayor problema al que nos enfrentaremos en esta situación será la conservación del calor, tanto para nosotros como para el equipo. La protección de las manos será un punto vital, pues no sólo tendrá que proporcionarnos calor, sino que permitirnos hacer uso de los controles de la cámara con cierta "facilidad". Una solución es llevar guantes ligeros y delgados hechos de seda, algodón o lana debajo de las manoplas. Así nos quitaremos las manoplas en el instante de hacer la toma, teniendo protección suficiente para los instantes precisos, haremos clic... y rápidamente retomaremos nuestras manoplas para recuperar nuevamente el calor.

También resulta útil llevar un chaleco de fotógrafo debajo del abrigo, para así poder tener a mano película, pilas, filtros, objetivos y demás material, que tendrá una temperatura adecuada para permanecer en buenas condiciones. Hay quienes también llevan la cámara colgada del cuello y ésta dentro del abrigo, sacándola sólo para realizar la exposición; esto será buena solución siempre y cuando la cámara sea ligera... o terminaremos con un buen dolor de cuello; claro que si es lo suficientemente "recogida" de tamaño, una buena riñonera de esquiador también nos será de gran ayuda.

En situaciones de frío extremo, habrá que prestar mucho cuidad al peligro constante de congelación, causado particularmente cuando las manos o la cara entran en contacto directo con el metal de la cámara. Las cámaras con visor a la altura del ojo deberán tener las partes metálicas recubiertas con cinta adhesiva gruesa, de espuma de poliéster o de cualquier otro material aislante, y en ningún caso deberemos tocar el material con las manos mojadas, ya que correríamos el riesgo de congelación inmediata de la piel.

Es posible que aparezca condensación cuando el aire caliente y húmedo entra en contacto con una superficie fría, pero desaparecerá cuando la temperatura del aparato se equilibre con la del ambiente. De todas formas, nunca eches el aliento sobre objetivos y visores, límpialos con una brocha de cerdas suaves o con una gamuza. Igualmente, no uses el aliento para limpiar la cámara de nieve, o se convertirá en hielo, mejor hacerlo con las manoplas o con una gamuza.

La mejor luz con nieve es la trasera o lateral, que nos permitirá captar el brillo de la nieve en sol y dará una magnífica sensación de profundidad. En blanco y negro, un filtro amarillo oscurecerá el cielo y aumentará el contraste general de la imagen. Con un filtro rojo se podrá controlar los tonos aún más.

Con película de color, los resultados serán espectaculares, que unidos a un filtro "skylight" para reducir el exceso de dominante azul (y proteger el objetivo), un buen filtro polarizador y un parasol para eliminar la luz parásita, no hará falta nada más, salvo que busques crear efectos especiales.

Habrá que poner especial hincapié en la medición de la luz, pues el sol al ser reflejado por la nieve provocará que nuestro fotómetro tienda a subexponer la exposición.

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