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Si te parece creativo el hecho de obtener una imagen espera a plasmarla en papel fotográfico. El laboratorio es de por sí un proceso creativo al que una vez probado no serás capaz de renunciar a él. Uno de sus mayores alicientes es la posibilidad de seguir paso a paso todo el proceso para la realización de una imagen.

¿Por qué en blanco y negro y no en color? Básicamente por el coste. Un laboratorio en blanco y negro siempre resultará más barato que uno en color, además, los líquidos en color son más caros, tóxicos y difíciles de manejar que los de blanco y negro. Siempre te resultará más rentable mandar a ampliar las copias de color en un buen laboratorio, pero encontrar buenos laboratorios de blanco y negro ya es otro cantar.

El Laboratorio

Está claro que sin un laboratorio no podremos empezar. Pocos son los laboratorios fotográficos que se montan expresamente para ser empleados como tales, lo normal es arreglárselas con un cuarto de baño, una alacena, e incluso con un rincón en el dormitorio. La causa es obvia, pocos aficionados suelen disponer del lujo que supone una habitación extra en donde montar un laboratorio permanente.

El laboratorio ideal no requiere ni grandes desembolsos ni mucho espacio, y créeme, si tu técnica es buena podrás conseguir magníficas fotos en cualquier tipo de laboratorio por temporal o "cutre" que te puedas montar. La clave para un buen trabajo viene dado por tres puntos muy concretos:

Vamos a estudiar un poco como ha de ser nuestro laboratorio. Un laboratorio está dividido en dos zonas: una parte húmeda y otra seca. La separación puede ser tan simple como cada zona en una de la pared de una esquina, no es necesario que estén distanciadas, sólo que la parte en donde situaremos los líquidos no estorbe o pueda salpicar a la ampliadora que estará situada en la parte seca. Igualmente, has de tener en cuenta hasta qué tamaño de papel deseas ampliar: una copia de 40 x 50 cm necesitará cubetas mucho mayores (y por tanto más espacio) que copias de 18 x 24 cm.

La ampliadora deberá estas situada en una mesa sólida (nada de vibraciones) con la altura suficiente para que podamos trabajar cómodos sin posturas inadecuadas. Deberá permitirnos sentarnos cómodamente o trabajar erguidos durante todo el tiempo que deseemos sin forzar la espalda. Si además cuenta con un par de cajones grandes bien ajustados, nos permitirá tener a mano multitud de material que puede sernos útil a la hora de trabajar con la ampliadora, como puede ser: papel de tamaño pequeño para las típicas fotos de álbum o para las que solemos regalar a diestro y siniestro, lápices y bolígrafos para tomar notas, una libreta, máscaras, etcétera.

Un asunto importante y que muchos fotógrafos suelen no tener en cuenta es la ventilación. Los productos químicos sueltan vapores: si trabajas en un cuarto en donde suela dormir alguien (o el perro) NO guardes ningún tipo de químico en él, y procura que quede limpio de impurezas una vez acabado el trabajo. Además, un espacio reducido mal ventilado provocará que nos sintamos acalorados y agobiados, lo que nos pondrá nerviosos y será contraproducente para nuestro trabajo.

Lo más cómodo es trabajar de izquierda a derecha, es decir, de zona seca a zona húmeda. En ésta zona húmeda tendremos que disponer de tres cubetas en las que iremos pasando el papel de una a otra: la del revelado, líquido de paro y fijador. La disposición de las cubetas la haremos dependiendo del espacio, podemos situarlas una al lado de otra siguiendo el orden de izquierda a derecha, o si no disponemos de espacio podremos hacer una estantería y situarlas en tres escalones y seguir el orden de arriba hacia abajo.

Nos será necesario disponer de agua corriente, que si bien podemos arreglarnos con un cubo de agua o un pequeño bidón, siempre será más cómodo y útil disponer de un grifo.

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